De mejilla a mejilla
Para Pau que no pudo estar ahí, de todo corazón.
El bailarín se puso sus claquettes, primero la izquierda y luego la derecha. Cuidadosamente amarró las agujetas y acomodó las calcetas. Hizo algunos estiramientos para relajar las piernas y se fajó su camisa roja.
Sonó la primera llamada y todos los bailarines del grupo se puiseron en posición, los rojos delate de los azules, y los amarillos delate de los verdes.
Sonó la segunda llamada. El telón se entreabrió para dejar pasar a los otros bailarines que terminaban su acto, quienes al entrar, sonreían de mejilla a mejilla y se felicitaban los unos a los otros; les había ido muy bien.
Sonó la tercera llamada, el telón se abrió completamente y los 20 bailarines salieron y se pusieron en posición, de espaldas al público. La sala estaba repleta, habían tenido que traer sillas extras de todo el edificio. Nuestro bailarín rojo sintió de pronto un fresco escalosfrío que le recorría toda la espalda, lo ingnoró cuando rápido pudo y volteó a ver a sus compañeros, sus caras dejaban ver que todos habían tenido la misma punzada fría.
La música comenzó a sonar en los altoparlantes. Los 20 bailarines saltaron al unísono girando 180º sobre su eje y calleron haciendo un crampón. La música era tan discreta y suave que los bailarines decidieron seguir más los latidos de su corazón que a los tambores de la canción. Pero como no hay dos corazones que latan al mismo ritmo... y menos si uno está nervioso.
El golpeteo de las claquettes en el piso producía un ruido constante en lugar de producir los discretos y separados pasos que uno aprecia en los bailartines de tap profesionales. El bailarín rojo intentó seguir al compañero de azul pero no logró reconocer los pasos que éste intentaba hacer. Giró la cabeza a su derecha para seguir al compañero de amarillo pero vió que éste estaba ya en la útima parte de la coreografía cuando a penas la canción iba a la mitad. Desesperado, nuestro bailarín intentó buscar su sangre fría, pero era demasiado tarde, la risa comenzaba a ganar terreno.
Al final de la coreografía los bailarines se lograron reajustar (los que ya habían acabado esperaron a los demás) y casi todos juntos volvieron a dar un salto de 180º para despedirse del público. Este último no supo si aplaudir o no, ya que, si bien los bailarines parecían haber terminado su coreografía, la canción todavía duró (penosamente) casi medio minuto más. Cuando finalmente la música se detuvo, la gente aplaudió discretamente; estaban desconcertados.
De regreso detrás del telón los veinte bailarines del número no podían dejar de reírse a carcajadas. No lo podían creer. "C'était horrible" decían. Ocho meses de práctica intensiva, sólo hoy habían repetido 15 veces la coreografía, y todo eso para fallar tan majestuosamente el número. Nunca habían estado tan desorganizados y tan acelerados. La profesora se acercó al grupo y los sentenció: lo volverán a hacer en la segunda parte del espectáculo.
Sonó el entreacto. Nadie quizo salir a saludar a amigos y familiares. Cuando el bailarín de rojo porfín se decidió a salir, sus amigos se acercaron y lo felicitaron: "c'était génial", "très bien fait", "vous etiez sensas"; dicho sea de paso, la ventaja siempre estará del lado de la estrella y no del lado del público.
Fin del entreacto. De regreso al drama: los bailarines consternados se decían nerviosamente "On ne peut pas plombé tout le spectacle", "On a raté la première on peut pas raté la deuxième, ça serait la honte", "On est maintenant doublement stressés".
El público no se esperaba esta nueva aparición del grupo de 20 bailarines... y todo salió perfectamente: los golpeteos en el piso iban todos juntos y además ¡¡¡¡¡ iban al ritmo de la música!!!!! ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Milagro? ¡CLARO QUE NO!. La profesora había salido con ellos y sentada en la primera fila dirigía la orquesta: "Arretez, vous allez trop vite", "Accelerez, vous allez trop lent". ¡Nisiquiera el grupo de niños de 6-9 años tuvo necesidad de este deshonrozo acto! El público volvió a aplaudir discretamente.
Nadie podía imaginar que justo antes del gran final los 20 valerosos bailarines iban a volver a intentar su coreografía, esta vez sin ayuda de la profesora. Y como ya ninguno estaba nervioso, y como se habían apoderado, leer monopolizado, el espectáculo, todo terminó estupendamente bien. En esta ocasión el público se puso de pié y aplaudió por varios minutos; esos sí, nadie gritó "Otra, otra". Era nuestro momento de sonreir de mejilla a mejilla.




El bailarín se puso sus claquettes, primero la izquierda y luego la derecha. Cuidadosamente amarró las agujetas y acomodó las calcetas. Hizo algunos estiramientos para relajar las piernas y se fajó su camisa roja.
Sonó la primera llamada y todos los bailarines del grupo se puiseron en posición, los rojos delate de los azules, y los amarillos delate de los verdes.
Sonó la segunda llamada. El telón se entreabrió para dejar pasar a los otros bailarines que terminaban su acto, quienes al entrar, sonreían de mejilla a mejilla y se felicitaban los unos a los otros; les había ido muy bien.
Sonó la tercera llamada, el telón se abrió completamente y los 20 bailarines salieron y se pusieron en posición, de espaldas al público. La sala estaba repleta, habían tenido que traer sillas extras de todo el edificio. Nuestro bailarín rojo sintió de pronto un fresco escalosfrío que le recorría toda la espalda, lo ingnoró cuando rápido pudo y volteó a ver a sus compañeros, sus caras dejaban ver que todos habían tenido la misma punzada fría.
La música comenzó a sonar en los altoparlantes. Los 20 bailarines saltaron al unísono girando 180º sobre su eje y calleron haciendo un crampón. La música era tan discreta y suave que los bailarines decidieron seguir más los latidos de su corazón que a los tambores de la canción. Pero como no hay dos corazones que latan al mismo ritmo... y menos si uno está nervioso.
El golpeteo de las claquettes en el piso producía un ruido constante en lugar de producir los discretos y separados pasos que uno aprecia en los bailartines de tap profesionales. El bailarín rojo intentó seguir al compañero de azul pero no logró reconocer los pasos que éste intentaba hacer. Giró la cabeza a su derecha para seguir al compañero de amarillo pero vió que éste estaba ya en la útima parte de la coreografía cuando a penas la canción iba a la mitad. Desesperado, nuestro bailarín intentó buscar su sangre fría, pero era demasiado tarde, la risa comenzaba a ganar terreno.
Al final de la coreografía los bailarines se lograron reajustar (los que ya habían acabado esperaron a los demás) y casi todos juntos volvieron a dar un salto de 180º para despedirse del público. Este último no supo si aplaudir o no, ya que, si bien los bailarines parecían haber terminado su coreografía, la canción todavía duró (penosamente) casi medio minuto más. Cuando finalmente la música se detuvo, la gente aplaudió discretamente; estaban desconcertados.
De regreso detrás del telón los veinte bailarines del número no podían dejar de reírse a carcajadas. No lo podían creer. "C'était horrible" decían. Ocho meses de práctica intensiva, sólo hoy habían repetido 15 veces la coreografía, y todo eso para fallar tan majestuosamente el número. Nunca habían estado tan desorganizados y tan acelerados. La profesora se acercó al grupo y los sentenció: lo volverán a hacer en la segunda parte del espectáculo.
Sonó el entreacto. Nadie quizo salir a saludar a amigos y familiares. Cuando el bailarín de rojo porfín se decidió a salir, sus amigos se acercaron y lo felicitaron: "c'était génial", "très bien fait", "vous etiez sensas"; dicho sea de paso, la ventaja siempre estará del lado de la estrella y no del lado del público.
Fin del entreacto. De regreso al drama: los bailarines consternados se decían nerviosamente "On ne peut pas plombé tout le spectacle", "On a raté la première on peut pas raté la deuxième, ça serait la honte", "On est maintenant doublement stressés".
El público no se esperaba esta nueva aparición del grupo de 20 bailarines... y todo salió perfectamente: los golpeteos en el piso iban todos juntos y además ¡¡¡¡¡ iban al ritmo de la música!!!!! ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Milagro? ¡CLARO QUE NO!. La profesora había salido con ellos y sentada en la primera fila dirigía la orquesta: "Arretez, vous allez trop vite", "Accelerez, vous allez trop lent". ¡Nisiquiera el grupo de niños de 6-9 años tuvo necesidad de este deshonrozo acto! El público volvió a aplaudir discretamente.
Nadie podía imaginar que justo antes del gran final los 20 valerosos bailarines iban a volver a intentar su coreografía, esta vez sin ayuda de la profesora. Y como ya ninguno estaba nervioso, y como se habían apoderado, leer monopolizado, el espectáculo, todo terminó estupendamente bien. En esta ocasión el público se puso de pié y aplaudió por varios minutos; esos sí, nadie gritó "Otra, otra". Era nuestro momento de sonreir de mejilla a mejilla.
1 Comments:
JAJAJAJAJAJAJAJA
Diego no quiero implicar que tu vida sea un chiste viviente, pero qué buenas anécdotas andas sacando. Ojalá yo tuviera más de esas.
En fin, pensé que estaban bailando salsa o algo así, al menos en eso me quedé, nunca me imaginé que bailaras tap.
Y bueno, no te enojes pero eso de las repeticiones me suena al chiste de gallegos, de 'otra oportunidad! otra oportunidad!' De todas formas que bueno que les aplaudieron mucho...
Saludos a Pau, y si Alon sigue vive, pero su blog está en coma.
Muchos besos
Post a Comment
<< Home