Cuento de Navidad Parte 1
-Primero dijeron que eran 2, luego añadieron a la hermana de uno de ellos, y ahora ya son cinco los que vienen a cenar. Ya me habían advertido, pero aún encuentro dificil de creer la falta de tacto. Bueno, al menos nos preguntaron antes de venir...mhhh, de cualquier forma parece que E está muy emocionado de que vengan. Dice que D es simpático, ya veremos eso al rato- JC interrumpió sus pensamientos por el sonido de la cafetera; el café matinal estaba listo. JC se sirvió una buena taza y se dirigió al armario, abrió la puerta y de la caja del fondo sacó un par de bolsas de plástico, y se dijo a sí mismo. -Con esto veremos que tan simpáticos son estos mexicanos, hehe-.
Sentado en el tren D estaba seguro que no quería llegar tarde. Ya era suficiente el oso que estaba pasando llevando a tres personas extras al recalentado de Navidad de su colega del laboratorio que se llevaría a cabo en la casa de la novia del papá. D recordó que el papá de su estimado compañero E acababa de regresaba después de pasar varios años en una isla francesa al oeste de Madagascar como guardia forestal. D no se acordaba del nombre de la isla. No le importaba en ese momento. Lo único que le preocupaba es que ya era la una y aún estaban muy lejos de su destino. -Nos vemos a la una en la estación de tren- había dicho E la última vez que se vieron-. -Maldita sea- se decía D -van a pensar que por genética no podemos llegar a tiempo a ningún lado- La genética estaba en voga en Francia desde que el presidente Z logró hacer pasar una ley que autoriza los análisis genéticos en niños con el fin de identificar a los futuros criminales (sobre todo si son niños de origen tercermundista). D olvidó la génetica un momento y volteó a ver su reloj: 13:10 y siete estaciones para el destino. La verdad D no quería llegar con retrazo. Ultimamente odiaba llegar tarde a algúna cita. Había luchado desde su llegada a Francia, hacía un poco más de dos años, contra la famosa "media hora de los latinos". Refrán francés que perjura que ningún latino puede llegar a una cita con no menos de 30 mn de retrazo. -Al menos son puntales en su imputalidad- había comentado alguna vez algún personaje televisivo francés de cierto renombre mientras veía llegar a Iñárritu exactamente media hora tarde a su cita. D miró una vez más su reloj, las 13:17 y todavía faltaban 5 paradas de tren suburbano. -No vamos a llegar nunca- se dijo. -P, C y L habían tardado demasiado en escoger el vestido y los zapatos correctos- pensó D, pero no se atrevió a decir sus pensamientos en voz alta. En lugar de eso, sonrió a un chiste que acababa de hacer M esperando que así la espera fuera menos penosa.
-Por fin llegamos- pensó C. -No sé cuantos chistes más de M habría podido soportar. Primero me despiertan al alba y luego entre prisas y prisas no pude escoger bien la ropa y ahora tengo mucho frío. ¿Por qué nadie me dijo que a las afueras de París refrescaba tanto? Empieza mal esto, ojalá no nos vayamos a quedar mucho. Al menos espero que la casa del papá de E sea grande y con jardín-. C caminaba rápido por entre los charcos. Ya había dejado a todos los demás muy atrás en su afán de entrar en calor. Se detuvo de pronto cuando vió que ya no había camino y que frente a ella se continuaban sólo árboles arreglados en hileras; no sabía hacia donde se dirigía.
L estaba muy seria. Había venido con M desde Inglaterra a visitar a sus amigos en Navidad. Llevaban ya dos días en París y no habían visto nada todavía. Ella quería pasearse por la Sena, y ver los pintorescos puestecillos de libros y cuadros viejos que se instalan al borde del río cerca de Notre Dame. L quería ver los maravillosos edificios que su madre le había detallado de aquellos tiempos cuando había sido estudiante en París. L quería ver el Louvre, la torre Eiffel, la Concorde, en fin, quería comerse París de un solo bocado de tres días. Mientras caminaba entre la tierra fangosa rumbo a la "comida de los conocidos de D" como había denomiado al evento del día, se sentía muy lejos de ese bocado parisino. P se había acercado y le había dicho -Mira L, eso que ves a tu izquierda es la Sena justo antes de que entre a la ciudad-. -La Sena- pensó L -El río de la ciudad de la Luz, no podía tener una entrada tan poco monumental, tan llena de lodo, árboles pelones y casitas poco pintorescas-. Había querido ahoracar a P por su comentario. Para destensarse se dijó -ojalá nos vayamos temprano a visitar Paris. ¿Pero cuánto tiempo vamos a caminar en el lodo antes de llegar a la casa de estos cuates?-.
Dieron las 14:00. A P lo que le preocupaba era conseguir boletos para el concierto de Woody Allen en el teatro de Chatelet esa misma noche. -A lo mejor podemos comer rápido, tomar un tren no muy tarde y tratar de conseguir boletos de último minuto en las taquillas del teatro unos horas antes del concierto. Seguro todavía quedan. Tenemos que comer rápido-. P alcanzó a su hermana C y le dijo -C, vas a tener que comer rápido, no quiero que por unas cucharadas de sopa de más perdamos la oportunidad de ver a Woody Allen en concierto, dice papá que es una chigonería verlo tocar el clarinete-. Viendo como su hermana asentía, P se sientó satisfecha y fue a buscar a L para darle las mimas instrucciones. La comanda era "comer rápido pero sin ser groseros con los anfitriones". -Tendré que ser un poco más exigente cuando hable con D, para como es, seguro se querrá quedar por eternidades enteras para no herir sentimietos. Finalmente E es su amigo. En el peor de los casos dejamos a D y que luego nos alcancé directamente en el teatro-.
M pensó: -Woody Allen me da hueva. Si toca el clarinete como dirige, safo, safísimo. L podría decir que no puede aguantar más, que tiene que ir a ver París de noche. D, P y C irán al teatro y nosotros podremos pasearnos por París. Espero que L no quiera ir a cada esquina por la que pasó la suegra en sus años de oro, jeje- M recordó que la madre de L pasó acá los mejores años de su vida, vistiendo sueters a rayas, boinas caladas y sólo fumando cigarros franceses. Una sonrisa involuntaria se dibujó en la cara de M. La mamá les había comentado cuando se enteró que irían a pasar Navidad a París: -¡París el la ciudad del amor y la felicidad!...mmmhh...creo que por eso nunca dejé que tu padre me llevara a París de vacaciones-. M se preocupaba por la caminata parisina. No se sentía en muy buena forma física y podía correr el riesgo de agotarse y luego no podría llevar sus planes a cabo, aprovechando que sus amigos estarían en el teatro. Hacía pocas semanas M y L habían sentido una renovada y extraña pasión explosiva cuando se habían quedado solos en casa de un amigo. Sin saber muy bien por qué, M y L habían encontrado en hacer el amor en la cama de su amigo un afrodisiaco de alto alcance. M quería reintentar de nuevo la fórmula y ¡qué mejor que hacerlo en París! -Hoy va a ser una noche de locura- se dijo M sonriendo. 14:30, habían llegado por fin a su destino.
E los recibió en la puerta. -Bienvenus chers amis à notre humble foyer- dijo mostrando una calurosa sonrisa, que desapareció poco a poco al ver que la mitad de sus interlocutores no le habían comprendido. -Bienvenidouse- intentó decir después en un español algo oxidado. Los extraños se quedaron en las mismas y todo el mundo se limitó a sonreir.
D tradujo las instrucciones del día a sus conacionales.-Dice E que primero habrá una comida ligera: ostiones, foie gras, los chiles rellenos que trajimos, arroz y trufas de chocolate. Una vez hecho esto, y sólo porque somos una bola de mexicanos ávidos de sabores franceses típicos, vamos todos juntos a prepar un platillo muy especial: La suegra del papá de E fue a la granaja a comprar un chapón, que no es más que un pollo castrado, cuya carne, dicen, es más suave. Tiempo estimado de preparación: al menos 4 horas... y el líbido de M se puso en pausa.
Sentado en el tren D estaba seguro que no quería llegar tarde. Ya era suficiente el oso que estaba pasando llevando a tres personas extras al recalentado de Navidad de su colega del laboratorio que se llevaría a cabo en la casa de la novia del papá. D recordó que el papá de su estimado compañero E acababa de regresaba después de pasar varios años en una isla francesa al oeste de Madagascar como guardia forestal. D no se acordaba del nombre de la isla. No le importaba en ese momento. Lo único que le preocupaba es que ya era la una y aún estaban muy lejos de su destino. -Nos vemos a la una en la estación de tren- había dicho E la última vez que se vieron-. -Maldita sea- se decía D -van a pensar que por genética no podemos llegar a tiempo a ningún lado- La genética estaba en voga en Francia desde que el presidente Z logró hacer pasar una ley que autoriza los análisis genéticos en niños con el fin de identificar a los futuros criminales (sobre todo si son niños de origen tercermundista). D olvidó la génetica un momento y volteó a ver su reloj: 13:10 y siete estaciones para el destino. La verdad D no quería llegar con retrazo. Ultimamente odiaba llegar tarde a algúna cita. Había luchado desde su llegada a Francia, hacía un poco más de dos años, contra la famosa "media hora de los latinos". Refrán francés que perjura que ningún latino puede llegar a una cita con no menos de 30 mn de retrazo. -Al menos son puntales en su imputalidad- había comentado alguna vez algún personaje televisivo francés de cierto renombre mientras veía llegar a Iñárritu exactamente media hora tarde a su cita. D miró una vez más su reloj, las 13:17 y todavía faltaban 5 paradas de tren suburbano. -No vamos a llegar nunca- se dijo. -P, C y L habían tardado demasiado en escoger el vestido y los zapatos correctos- pensó D, pero no se atrevió a decir sus pensamientos en voz alta. En lugar de eso, sonrió a un chiste que acababa de hacer M esperando que así la espera fuera menos penosa.
-Por fin llegamos- pensó C. -No sé cuantos chistes más de M habría podido soportar. Primero me despiertan al alba y luego entre prisas y prisas no pude escoger bien la ropa y ahora tengo mucho frío. ¿Por qué nadie me dijo que a las afueras de París refrescaba tanto? Empieza mal esto, ojalá no nos vayamos a quedar mucho. Al menos espero que la casa del papá de E sea grande y con jardín-. C caminaba rápido por entre los charcos. Ya había dejado a todos los demás muy atrás en su afán de entrar en calor. Se detuvo de pronto cuando vió que ya no había camino y que frente a ella se continuaban sólo árboles arreglados en hileras; no sabía hacia donde se dirigía.
L estaba muy seria. Había venido con M desde Inglaterra a visitar a sus amigos en Navidad. Llevaban ya dos días en París y no habían visto nada todavía. Ella quería pasearse por la Sena, y ver los pintorescos puestecillos de libros y cuadros viejos que se instalan al borde del río cerca de Notre Dame. L quería ver los maravillosos edificios que su madre le había detallado de aquellos tiempos cuando había sido estudiante en París. L quería ver el Louvre, la torre Eiffel, la Concorde, en fin, quería comerse París de un solo bocado de tres días. Mientras caminaba entre la tierra fangosa rumbo a la "comida de los conocidos de D" como había denomiado al evento del día, se sentía muy lejos de ese bocado parisino. P se había acercado y le había dicho -Mira L, eso que ves a tu izquierda es la Sena justo antes de que entre a la ciudad-. -La Sena- pensó L -El río de la ciudad de la Luz, no podía tener una entrada tan poco monumental, tan llena de lodo, árboles pelones y casitas poco pintorescas-. Había querido ahoracar a P por su comentario. Para destensarse se dijó -ojalá nos vayamos temprano a visitar Paris. ¿Pero cuánto tiempo vamos a caminar en el lodo antes de llegar a la casa de estos cuates?-.
Dieron las 14:00. A P lo que le preocupaba era conseguir boletos para el concierto de Woody Allen en el teatro de Chatelet esa misma noche. -A lo mejor podemos comer rápido, tomar un tren no muy tarde y tratar de conseguir boletos de último minuto en las taquillas del teatro unos horas antes del concierto. Seguro todavía quedan. Tenemos que comer rápido-. P alcanzó a su hermana C y le dijo -C, vas a tener que comer rápido, no quiero que por unas cucharadas de sopa de más perdamos la oportunidad de ver a Woody Allen en concierto, dice papá que es una chigonería verlo tocar el clarinete-. Viendo como su hermana asentía, P se sientó satisfecha y fue a buscar a L para darle las mimas instrucciones. La comanda era "comer rápido pero sin ser groseros con los anfitriones". -Tendré que ser un poco más exigente cuando hable con D, para como es, seguro se querrá quedar por eternidades enteras para no herir sentimietos. Finalmente E es su amigo. En el peor de los casos dejamos a D y que luego nos alcancé directamente en el teatro-.
M pensó: -Woody Allen me da hueva. Si toca el clarinete como dirige, safo, safísimo. L podría decir que no puede aguantar más, que tiene que ir a ver París de noche. D, P y C irán al teatro y nosotros podremos pasearnos por París. Espero que L no quiera ir a cada esquina por la que pasó la suegra en sus años de oro, jeje- M recordó que la madre de L pasó acá los mejores años de su vida, vistiendo sueters a rayas, boinas caladas y sólo fumando cigarros franceses. Una sonrisa involuntaria se dibujó en la cara de M. La mamá les había comentado cuando se enteró que irían a pasar Navidad a París: -¡París el la ciudad del amor y la felicidad!...mmmhh...creo que por eso nunca dejé que tu padre me llevara a París de vacaciones-. M se preocupaba por la caminata parisina. No se sentía en muy buena forma física y podía correr el riesgo de agotarse y luego no podría llevar sus planes a cabo, aprovechando que sus amigos estarían en el teatro. Hacía pocas semanas M y L habían sentido una renovada y extraña pasión explosiva cuando se habían quedado solos en casa de un amigo. Sin saber muy bien por qué, M y L habían encontrado en hacer el amor en la cama de su amigo un afrodisiaco de alto alcance. M quería reintentar de nuevo la fórmula y ¡qué mejor que hacerlo en París! -Hoy va a ser una noche de locura- se dijo M sonriendo. 14:30, habían llegado por fin a su destino.
E los recibió en la puerta. -Bienvenus chers amis à notre humble foyer- dijo mostrando una calurosa sonrisa, que desapareció poco a poco al ver que la mitad de sus interlocutores no le habían comprendido. -Bienvenidouse- intentó decir después en un español algo oxidado. Los extraños se quedaron en las mismas y todo el mundo se limitó a sonreir.
D tradujo las instrucciones del día a sus conacionales.-Dice E que primero habrá una comida ligera: ostiones, foie gras, los chiles rellenos que trajimos, arroz y trufas de chocolate. Una vez hecho esto, y sólo porque somos una bola de mexicanos ávidos de sabores franceses típicos, vamos todos juntos a prepar un platillo muy especial: La suegra del papá de E fue a la granaja a comprar un chapón, que no es más que un pollo castrado, cuya carne, dicen, es más suave. Tiempo estimado de preparación: al menos 4 horas... y el líbido de M se puso en pausa.







